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	<title>Una Historia Extraña</title>
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	<description>Extrañas cosas comienzan a pasar, todo oculto en la hostil ciudad</description>
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		<title>Una Historia Extraña</title>
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		<title>Capítulo III: La Entrada (parte 2)</title>
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		<pubDate>Sat, 08 Mar 2008 12:18:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>setebipo</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[Viernes 9 de Julio
            Cómo buen día viernes, para Matías era el momento ideal, y habitual, para una “visita”. 
Cuatro años atrás era un joven normal, alegre y muy devoto, su vida radicaba en la escuela y en su casa, de vez en cuando [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=tiempodeletras.wordpress.com&blog=1611575&post=16&subd=tiempodeletras&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">Viernes 9 de Julio</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';"><span>            </span>Cómo buen día viernes, para Matías era el momento ideal, y habitual, para una “visita”. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">Cuatro años atrás era un joven normal, alegre y muy devoto, su vida radicaba en la escuela y en su casa, de vez en cuando salía con amigos para disfrutar de las bondades que le ofrecía su ameno vecindario. Pero para nadie es extraño que un joven sea curioso, y bajo esta primicia Matías no dudo en acceder al ofrecimiento de su amigo Jorge. De hecho solo lo iba a probar. Pero cuando acercó el cigarrillo a su boca y sintió cómo la marihuana se consumía supo de inmediato que esa sería una nueva actividad rutinaria. Fue así como Matías dejó de lado todo lo que lo caracterizaba como joven sano y alegre. Probablemente la historia pudo haber acabado en eso, pero siete meses después quiso dar un paso más y las inyecciones se transformaron en otra parte de la rutina. Los drogadictos no son extraños en ciudades tan grandes como Santiago, pero lo que sí era extraño era que Matías, teniéndolo todo, una familia bien constituida, buenos amigos, buen rendimiento académico y poca presión sea uno de esos. No había absolutamente nada que le obligara a entrar en trance todos los días, el único que podía entenderlo era él.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';"><span> </span>Todo comenzó aquel día, hace casi dos años, cuando por primera vez usó el peyote. Había escuchado sobre las precauciones que tenía que tomar por lo que se preocupó de estar de muy buen ánimo, pero algo salió mal. A los veinte minutos conoció lo que habría de amarrarlo en el mundo de los alucinógenos por el resto de su vida. Fue también una noche de viernes, y aprovechando que sus padres pasarían el fin de semana en casa unos amigos, cuando se reunió con Jorge, ambos con la intención de “iniciar un buen viaje”. Rápidamente sintió como su rostro se inflaba y explotaba sumergido en un mundo de sin razones, repleto de un rojo penetrante que se fundía con sus propios ojos, se elevó a lo más alto, a la cima de las sensaciones, fue en esta condición que la ciudad lo sorprendió. Matías se levantó agobiado, miraba asombrado como las paredes de su cuarto se transformaban en horribles rejas oxidadas, al igual que el piso. Su mente hacía enfoques extraños a Jorge que de pronto se había transformado en una bestia, sus brazos estaban adosados al torso envueltos en piel, su cabeza había perdido el pelo, los ojos, la boca y la nariz. A pesar de esto parecía tratar de comunicar algo. Intentaba moverse hacia Matías, pero él lo único que deseaba era alejarse, y cuando trató de evadirlo notó con espanto cómo sus piernas estaban atrapadas por extraños seres que sacaban sus brazos por entre las rejas del piso e impedían con fuerza cualquier movimiento. Luchó sin éxito por zafarse, pero aterrado sintió el calor de la bestia que se acercaba a su cabeza, específicamente a su oreja derecha. Paralizado escuchó claramente la palabra “mátame”. En ese momento los brazos que afirmaban de él lo soltaron y la bestia corrió en dirección contraria. Matías sin pensarlo dos veces e inundado por un odio ajeno, un odio insensible, tomó la pesada lámpara que tenía en su velador, era el arma perfecta. Corrió hacia la bestia y sin piedad, olvidando que alguna vez estuvo Jorge con él, la golpeó repetidamente haciendo caso omiso a los grito de esta, la golpeó más de veinte veces aún cuando la bestia ya yacía inmóvil en el piso. Una vez que se percató de la supuesta muerte del extraño ser, con una calma que contrastaba con la crudeza de lo sucedido, volvió a su cama, por su cabeza pasaban miles de ideas que no tenían ninguna relación, y fue así, divagando, como Matías pasó las siguientes trece horas.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">A las cuatro de la tarde del día siguiente todo había acabado. Matías despertó hambriento por lo que fue directo a la cocina. Fue ahí donde se dio cuenta de que no estaba Jorge. Supuso que estaría en su casa, pensó que se había levantado temprano para llegar a su casa antes del almuerzo. Nunca volvió a ver a Jorge. Esa misma noche llegaron los padres de su amigo, notoriamente desesperados preguntando por su hijo. El rostro de la señora María Luisa, madre de Jorge, lo decía todo.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">-Salió ayer a eso de las siete y no hemos visto desde entonces, pensamos que podría estar acá- Ellos siempre habían tenido una buena relación con Matías, no sospechaban de nada-<span>  </span>¿Lo has visto por acá?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">Matías sintió miedo, imaginó a sus padres enterándose de todo, no podría soportar tener que mirarlos a los ojos y admitir que lo más probable era que drogado Jorge se hubiese perdido. Eran muchos los casos que tenía que analizar en menos de un segundo después de aquella pregunta. Todos esos años de drogas habían transformado radicalmente lo habían transformado radicalmente, ahora era un muchacho mentiroso y por sobre todo, muy miedoso. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">- No, la última vez que lo vi fue el miércoles, la verdad es que no he sabido nada de el desde ese día-mintió.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">-Tienes alguna idea de donde pueda estar- dijo don Carlos, el padre de Jorge, con un tono un poco más áspero.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">-No tengo idea donde pueda estar ¿Lo buscaron en casa de Fernanda?- preguntó solo para despejar sospechas.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">-Sí, pero nada- respondió don Carlos –Gracias de todas formas, avísanos cualquier cosa- agregó con un tono que tranquilizó a Matías.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">-Lo haré, descuide- Se despidieron emotivamente, al parecer los tres sabían que de Jorge nunca más se sabría nada.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">Pasaron los días y a pesar de las visitas de algunos detectives, Matías nunca cambió la historia, tanto fue así que hasta él mismo llegó a creérsela. De todas formas para él esa noche fue inolvidable, la peor de toda su vida, lo que lo tuvo bien lejos de los alucinógenos un tiempo. Muchas veces sintió pena por su amigo, pero evitaba penar en su paradero. La idea de que esa bestia tuviera alguna relación también fue ignorada, todo en cuanto a esa noche era un tema tabú, no pensaba jamás en eso. Desconocía la verdad y no quería saberla. Sea cualquiera la consideración, Jorge estaba muerto para él.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">Con el pasar del tiempo el recuerdo dejó de ser tan recurrente, fue sepultado por el uso excesivo de drogas. Matías perdió todo lo que lo identificaba, dejó de ser una persona confiable y amistosa para transformarse en un hombre retraído y muy manipulador. Aunque parezca que estas características no coinciden, lograban converger en él, no fueron pocas las veces que convencía a sus padres para conseguir dinero, ni tampoco las veces que usaba el pretexto de una supuesta depresión para justificar su baja académica. Uno de esos días, y enterrado en un vicio asqueroso, se atrevió a tomar peyote nuevamente. Programó todo para que el “viaje” fuera exitoso, tal y cómo lo hizo la primera vez, con la diferencia de ahora lo haría solo. Se sentó en la cama, pensó en su feliz niñez y tragó sin pensar en el sabor. Como era de suponerse no pudo evitar recordar a su amigo, lo que le sentirse miserable, empapado en esa mentira que jamás lo abandonaría. Errando en el pensar <span> </span>sintió la ciudad derrumbarse, reviviendo esa maldita sensación. Las paredes se cayeron dando lugar a las rejas, el rojo se apoderó del ambiente y el aire se volvió mucho más denso, la escena se repetía. Esta vez estaba sólo y decidió dar un paso más allá. Asustado salió de la casa (lo que le tomó casi una hora por lo desconcertado que estaba) y aterrado vio el cambio en su vecindario. La noche estaba tan tetricamente oscura que orientarse era complicadísimo, pero sin duda, y por muy extraño que fuera, algunas casas no estaban donde deberían. Si alguien hubiese estado ahí por primera vez no lo habría relacionado con el vecindario original. Entre horrorizado y sorprendido vio cómo lo que parecía sangre bañaba el lugar. Intentó convencerse de que no era real, pero las evidencias estaban a la vista, se apenó al pensar que Jorge podría estar atrapado en tan horrendo sitio. Tenía claro que la única forma de aproximarse a este lugar era a través de las drogas. Ese día juró enmendar su error.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">Indiferente como siempre pasó el tiempo, un año después, día viernes nueve de Julio, Matías se disponía a su visita numero veintitrés. De vez en cuando Matías entraba a lo que el denominaba “el lado B”, esa ciudad horrible que según él se escondía, esa ciudad que tenía como<span>  </span>única llave la droga. Desde que entró por segunda vez no podía parar, era cómo un vicio. Había visitas muy provechosas, cuando recorría largas distancias soportando el agobio de la ciudad, pero había otras en las que difícilmente avanzaba. Cada vez que lo hacía pensaba encontrar de una vez por todas a Jorge, todas veces sin éxito. Lo más extraño era que esta ciudad parecía ser paralela a la realidad, pues cada vez que Matías volvía a la ciudad, lo hacia al mismo lugar donde la había abandonado la última vez (de forma involuntaria como siempre). De todas formas estaba contento, ya que últimamente los periodos “adentro” se hacían más extensos. En un principio duraba menos de una hora, para terminar durando más de cinco la semana pasada. Sus padre no notaban nada, solo lo veían acostarse el viernes<span>  </span>despertar tarde en sábado, nada fuera de lo común. Aunque Matías nunca encontró alguna relación entre la cantidad de peyote y el tiempo adentro, para ese día se consiguió una dosis muy alta. Cerró los ojos, la ingirió, y al abrirlos ya estaba adentro. Caminó en dirección sur como lo venía haciendo hace dos sesiones con la intención de rodear su casa, de la cual ya estaba muy lejos. Avanzó casi dos cuadras por la avenida Vicuña Mackenna y vio a unos metros el servicentro, al que concurría en algunas ocasiones cuando venía de vuelta de la universidad. Para él la sangre ya era algo común, las rejas ya no eran extrañas y la oscuridad le era hasta familiar. Pero lo que definitivamente no era familiar era la figura de un hombre sentado cerca del servicentro. Decidió tomárselo con calma y se acercó lentamente mientras su respiración se aceleraba. <span>    </span><span>   </span><span> </span></span></p>
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		<title>Capítulo III: La Entrada (parte 1)</title>
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		<pubDate>Wed, 05 Mar 2008 19:28:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>setebipo</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[Alejandro se arqueó hacia atrás apenas sintió el metal atravesar su piel, de alguna manera lo supo de inmediato, supo que la vida se le había hecho corta, supo que tuvo el tiempo necesario para decir muchas cosas, pero que estúpidamente no las dijo. Quizá cometiendo un error aprovechó sus últimos segundos en maldecir la [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=tiempodeletras.wordpress.com&blog=1611575&post=15&subd=tiempodeletras&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">Alejandro se arqueó hacia atrás apenas sintió el metal atravesar su piel, de alguna manera lo supo de inmediato, supo que la vida se le había hecho corta, supo que tuvo el tiempo necesario para decir muchas cosas, pero que estúpidamente no las dijo. Quizá cometiendo un error aprovechó sus últimos segundos en maldecir la inercia, la inercia que lo obligaba a permanecer leyendo acostado en su cama y que jamás le permitió levantarse a cambiar el mundo que él sabía estaba en peligro. En lo último que pensó fue en Javiera…</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">El cuarto estaba impregnado en un fuertísimo olor a café, el reloj de mesa además de marcar las cuatro de la madrugada se mostraba imponente en el escritorio repleto de libros y cuadernos, el inexpugnable reloj era el único guardián del sueño de Alejandro. Cuando marcaban las cuatro con quince minutos el joven que dormía apoyado en el escritorio despertó alterado, con un salto que casi lo bota de la silla. Despertó desconcertado y al mismo tiempo asustado. La taza de café que se había preparado antes de disponerse a estudiar estaba llena todavía, los cuadernos estaban dispersos por el escritorio y la cama, por lo que dedujo que había estado estudiado. Se puso de pies para ir al baño, abrió la puerta de la habitación y un frío horrible entró, eso le recordó todo. Recordó su asesinato, recordó el puñal, lo recordó pero no lo entendió, pues todo era muy confuso, al mismo tiempo tenía la impresión de haber estado estudiando hasta caer dormido. Entró al baño con la sensación de que algo andaba mal, pero se reprochó a si mismo por tantas vacilaciones, no cabía duda de que todo había sido un sueño. El mundo especulaba mientras Alejandro se miraba al espejo concentrado, tratando de ubicarse en la realidad, intentando dejar de lado el temor que de a poco y de manera inevitable se apoderaba de él. Pasaron veinte minutos y todavía miraba el espejo, analizaba sus líneas sin saber por qué. Todo parecía una película del pasado, con puntos blancos interrumpiendo la imagen, y por más que Alejandro se esforzaba en creer lo contrario, todo indicaba que algo andaba mal. Pensó que necesitaba urgentemente comunicarse con alguien. Javiera no era la más indicada, seguramente estaba cansada y apenada por lo que no era correcto molestarla. Bajó las escaleras lentamente, entró a la habitación de sus padres para terminar de una vez por todas con la confusión, pero para su sorpresa y temor, nadie estaba en la cama. Olvidando toda consideración corrió al teléfono y marcó<span>  </span>el número de Javiera. Nadie contestó. Sin saber que hacer tomó su abrigo de la silla y decidió salir de la casa, era urgente el contacto con otro ser humano. “Siempre hay alguien en los servicentros” pensaba Alejandro mientras corría en dirección al más cercano, y fue esto lo que le hizo ignorar tantas evidencias. Alejandro no se percató de que los árboles que tantas tardes miró desde su ventana no estaban, no se percató de que algunas casas no tenían puertas, no se percató de que la plaza parecía más bien un pantano, y lo más importante, no se percató de que las calles estaban bañadas en sangre. Llegó cansado al servicentro y aunque ya lo sospechaba este estaba cerrado, como nunca antes lo había estado. Más confundido que nunca se sentó a esperar que bajara su acelerado ritmo de respiración, pero esto nunca pasó, su corazón parecía querer romperle el<span>  </span>pecho y salir corriendo. Sin embargo el sentarse le sirvió para darse cuenta de donde estaba, miró a su alrededor y el pánico se apoderó de él. Aunque no quería aceptarlo no tenía ni la más leve sospecha de qué estaba pasando. Justo en el momento en que aceptó estar en problemas, perdido en un lugar distinto, un hombre apareció caminando en la calle entre la neblina a lo lejos. Alejandro había cometido un error y tenía que pagarlo de la forma más cruda. <span>  </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-family:'Arial Narrow';"><br />
<span>  </span></span></p>
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		<title>Capítulo II: Todo Tiene Concecuencias</title>
		<link>http://tiempodeletras.wordpress.com/2008/02/09/jueves-8-de-julio-del-2007/</link>
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		<pubDate>Sat, 09 Feb 2008 07:58:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>setebipo</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[Cómo todas las cosas que tienen una causa, Alejandro se aproxima a las consecuencias<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=tiempodeletras.wordpress.com&blog=1611575&post=14&subd=tiempodeletras&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">Jueves 8 de Julio del 2007</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">Todo se hundía en la lluvia propia de la época. Este ambiente tan hostil para algunos resultaba ser muy atractivo para Alejandro. La lluvia continuaba y por lo mismo había decidido seguir estudiando en su casa, el examen de anatomía de seguro estaría fatal, era su primer año en la carrera y no tenía ni la más mínima intención de arruinarlo. Abandonó la facultad de medicina a eso de las siete y media dispuesto a disfrutar el viaje, era el momento preciso para relajarse después de un arduo día de estudio e investigación. La ciudad estaba relativamente tranquila, aún cuando era hora punta en un día lluvioso, y a pesar de todo, <span> </span>Alejandro se sentía ajeno. Desde muy pequeño había tenido una relación muy especial con la ciudad, se consideraba algo así como un tumor dentro de ella. Sus dos padres trabajaron toda su vida en un banco muy importante de la capital, trabajo muy absorbente que los mantenía lejos de su único hijo. Esto mismo le generó cierta animadversión contra la ciudad, siempre la miró con ojos desconfiados, con ojos de crítico, y fue esto mismo lo que lo llevó a muchas conclusiones. Para Alejandro la ciudad era una especie de monstruo capaz de aturdir y obligar a la gente a participar en un juego que se manifiesta en todas las actividades propias de esta, ese era el método que tenía esta para alejar a la gente del “camino mental”, como lo llamaba Alejandro, caminó que identifica a las personas cómo tales. Pero incluso con todas estas ideas volando por su cabeza, la policromía de Santiago no dejaba de hipnotizarlo, le llamaba la atención constantemente. Eso, según él, lo transformaba en un tumor pues nunca participaba de los procesos vitales de la ciudad pero era dependiente de ella, una relación muy extraña sin duda alguna. El viaje resultó ser tan ameno como Alejandro pensó que sería, apenas llegó a su hogar saludó a sus padres y subió a su habitación, no había tiempo que perder. Pero una vez internado en ese, su espacio íntimo, sintió algo a lo que ya se estaba acostumbrando, algo que alguna vez fue muy extraño pero ahora muy natural. Se asomó por la ventana y vio, a través de la lluvia, la ventana de Javiera, su vecina. Alejandro era un joven de diecinueve años de mediana estatura, tez blanca, pelo negro azabache y ojos café, solía ser confundido con el baterista de una conocida banda de rock. Javiera, por su parte, era una estudiante liceana de cuarto medio, que con diecisiete años tenía el pelo negro, muy bien cuidado, y unos penetrantes ojos verdes. Pero lo más lindo de Javiera, según Alejandro, era su sonrisa, pues cada vez que reía se le formaban unas margaritas que lo atraían fuertemente. Se habían conocido cuando Javiera llegó al vecindario, hace unos tres años. No obstante la mutua atracción que sentían, nunca habían sido pareja, posiblemente por la timidez de Alejandro <span> </span>o la extremada madurez de Javiera que intimidaba a casi todos los hombres. De todas maneras los coqueteos y miradas iban y venían. Parecía un juego, podían estar conversando durante horas insinuando constantemente algo, cualquier cosa. Tenían patentada esa clase de relación única. La lluvia y el ambiente hicieron a Alejandro sentir una atrevimiento extraño en él, por lo mismo miró por la ventana y tomó su celular para llamar a Javiera. Cinco minutos después estaba tocando el timbre de su vecina quien luego de recibirlo cariñosamente lo abrazó tratando de salvarlo del frío poco incomodo para él.<span>  </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">-Estás helado, te voy a buscar una brazada.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">-Estoy bien así- Dijo Alejandro deteniendo a Javiera que ya partía, delatándose inmediatamente, esta lo conocía muy bien como para no darse cuenta de que <span> </span>estaba nervioso. Al parecer él no era el único que tenía algo que decir,<span>  </span>claramente Javiera había estado llorando, sus ojos ahora tenían más rojo que verde.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">Subieron ambos al cuarto y Alejandro preguntó inmediatamente.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">-¿Estás bien? Has estado llorando y no me lo puedes negar- Ella rompió inmediatamente en llanto para la sorpresa de Alejandro. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">-Hoy me he enterado de algo terrible-decía mientras apoyaba sus brazos en su falda para taparse la cara- Francisca fue asesinada hoy en la mañana.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">-¿Qué?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">-La encontró un furgón de la municipalidad cerca de su casa, por<span>  </span>lo que me contaron, fue con un cuchillo que alguien la mató, pero ni siquiera le robaron.- Alejandro se sintió absolutamente desconcertado si bien nunca había hablado con la difunta joven, no podía soportar ver a Javier sufriendo.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">Francisca había sido compañera de Javiera desde hace seis años en el Liceo Carmela Carvajal, no eran precisamente amigas pero sí buenas compañeras. Era muy comprensible su dolor, y Alejandro lo sabía, pues Javiera era de esas personas que forman lazos muy importantes con los demás, no solo por su buena disposición, también por su cercanía y esa sensación de confidente que inspiraba en todos. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">Alejandro no sabía muy bien cómo actuar en situaciones como esas, pero atinadamente la abrazó para permanecer así durante un buen rato. “Definitivamente ese no era el día indicado” pensó Alejandro, por lo tanto, cómo se hacía tarde, decidió volver a casa y retomar sus estudios. Era un hecho que no sabía cómo actuar en situaciones como esas. Se despidió tiernamente de Javiera y partió. Cerró lentamente la puerta de su vecina, sin saber por qué.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';"><span> </span>Seguramente por lo intenso de la visita, Alejandro caminó en forma pausada, estaba oscuro y la lluvia había cesado, el aire estaba tan limpio que respirar era un completo alivio. Pero aunque el panorama era apacible, el destino tenía preparado algo especial, todos sabemos que la ciudad jamás permitiría que una persona como Alejandro osara poner en duda el constante movimiento, había que unirlo al resto y el terror parecía ser el método indicado tratándose de alguien como Alejandro. La calle estaba completamente vacía, cosa común en José Domingo Cañas a esas horas, se trataba de uno de esos paréntesis que rellenan algunos sitios. Lentamente, mientras Alejandro metía la llave en el cerrojo, algo se acercaba a él por su espalda. Se distinguía a un pequeño hombre con algo el la mano derecha.<span>  </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';"><span> </span><span> </span><span>   </span><span>  </span><span>  </span><span> </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';"> </span></p>
<img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/categories/tiempodeletras.wordpress.com/14/" /> <img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/tags/tiempodeletras.wordpress.com/14/" /> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gocomments/tiempodeletras.wordpress.com/14/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/comments/tiempodeletras.wordpress.com/14/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godelicious/tiempodeletras.wordpress.com/14/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/delicious/tiempodeletras.wordpress.com/14/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/gostumble/tiempodeletras.wordpress.com/14/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/stumble/tiempodeletras.wordpress.com/14/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/godigg/tiempodeletras.wordpress.com/14/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/digg/tiempodeletras.wordpress.com/14/" /></a> <a rel="nofollow" href="http://feeds.wordpress.com/1.0/goreddit/tiempodeletras.wordpress.com/14/"><img alt="" border="0" src="http://feeds.wordpress.com/1.0/reddit/tiempodeletras.wordpress.com/14/" /></a> <img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=tiempodeletras.wordpress.com&blog=1611575&post=14&subd=tiempodeletras&ref=&feed=1" /></div>]]></content:encoded>
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		<title>Capítulo I: Simplemente Pasó (parte dos)</title>
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		<pubDate>Thu, 07 Feb 2008 02:16:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>setebipo</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Historia]]></category>

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Jueves 8 de Julio del 2007
            Era temprano y en la mitad de la calle Juan Gómez Millas yacía tirado un hombre desnudo. Estaba dormido y no parecía tener ningún problema además del frío que lo tenía temblando, esto sumado a sus rasgos [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=tiempodeletras.wordpress.com&blog=1611575&post=12&subd=tiempodeletras&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">Jueves 8 de Julio del 2007</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';"><span>            </span>Era temprano y en la mitad de la calle Juan Gómez Millas yacía tirado un hombre desnudo. Estaba dormido y no parecía tener ningún problema además del frío que lo tenía temblando, esto sumado a sus rasgos faciales felinos le hacía parecía un gato mojado. El hombre tenía piel blanca, era muy delgado y de baja estatura. Esas eran las cosas que uno podía llegar a ver por error en una ciudad tan imponente, un ciudad que no toleraba insolencias.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">De pronto el hombre se remeció e histéricamente despertó poniéndose de pie, examinó como un loco todo el panorama sin poder entender que sucedía. Parecía desconcertado, estaba absolutamente confundido, sin embargo, estar desnudo en la mitad de la calle no era lo que le parecía extraño, era otra cosa la que no le calzaba. El escuálido hombre caminói casi tres cuadras sin ningún destino, le parecía estúpido quedarse parado como un tonto, a si que decidió moverse y así además entibiar el cuerpo. Mientras lo hacía observaba la luz de los focos y las sombras que formaban los árboles, hasta que descubrió algo extraño debajo de uno de estos, se acercó a examinar. Se trataba de un hoyo de casi un metros de diámetro que se hundía en la tierra, tan profundo que no se podía distinguir el fondo. Apenas vio comprendió todo, entendió de qué se trataba. Miró entonces alrededor del círculo y fue feliz al encontrar lo que buscaba. Era precisamente la clase de arma que necesitaría para lo que venía a continuación. La tomó y siguió su camino, esta vez, con un objetivo.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">Como el destino a veces suele ser un desgraciado, al llegar a la esquina vio como una linda joven salía a la calle, la observó detenidamente hasta comprender que era esa la oportunidad que estaba esperando. Se acercó sigilosamente para no tener problemas, no quería hacer las cosas mal. Los pasos de la estudiante retumbaron en toda la calle, lo que lo hizo despertar de lo que parecía un sueño lúcido, la neblina no ayudaba mucho a estar atento. La joven caminó con pasos cortos al mismo tiempo que el corazón del repugnante hombre se aceleraba hasta casi salírsele del pecho. Se vio cómo una alta y hermosa joven caminaba mientras una figura pequeña y medio agachada se le aproximaba hasta estar a menos de un metro. Entonces el hombre decidido dio los dos últimos pasos y le clavó el cuchillo en la espalda, a un costado. No tuvo la intención de hacerlo con tanta fuerza, pero así fue. El cuchillo se asomo por el vientre de la joven quitándole la vida impúdicamente. El acto fue horrible, no propio de un ser humano. Nadie mata con tanta ligereza, nadie mata de forma tan deshonesta, fue sencillamente horrible. El asesino continuó su camino como quien le ha robado un helado a un niño, siguió caminando denigrando más aún la ya extinta vida de la adolescente. Y con una sensación de triunfo sonrió feliz por la oportunidad que había tenido de oxigenar la rabia de la ciudad. </span></p>
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		<title>Capítulo I: Simplemente Pasó (parte uno)</title>
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		<pubDate>Tue, 05 Feb 2008 06:55:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>setebipo</dc:creator>
				<category><![CDATA[La Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[La ciudad estaba absolutamente ausente. No era la primera vez que Alejandro se daba cuenta de eso. La urbe estaba quieta mientras todos se paseaban por ella. Para todo aquel que se sentara no podía pasar desapercibido el humo que emanaba del mundano ajetreo urbano. El mundo seguía girando movido por los mismos hombres que [...]<img alt="" border="0" src="http://stats.wordpress.com/b.gif?host=tiempodeletras.wordpress.com&blog=1611575&post=11&subd=tiempodeletras&ref=&feed=1" />]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class='snap_preview'><br /><p><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">La ciudad estaba absolutamente ausente. No era la primera vez que Alejandro se daba cuenta de eso. La urbe estaba quieta mientras todos se paseaban por ella. Para todo aquel que se sentara no podía pasar desapercibido el humo que emanaba del mundano ajetreo urbano. El mundo seguía girando movido por los mismos hombres que no imaginaban un planeta estático. Sin embargo Alejandro si lo imaginaba y no volvería a empujar el globo nunca más.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">    La calle estaba vacía, eran las cinco de la mañana y sólo faltaba una hora para que Francisca saliera a tomar el bus que la llevaba a la escuela. Es característico de algunas calles de Santiago esa sensación de “paréntesis”, de vez en cuando se encuentran lugares tan apacibles que parecieran apartados de la ciudad, como por ejemplo la calle Juan Gómez Millas, donde vivía Francisca. A las cinco y media sonó el despertador que fue apagado rápidamente, no era la intención despertar a todo mundo. Francisca caminó, aún con sueño, a la ducha. Por un segundo el destino pareció apiadarse de ella, por solo un segundo el universo quiso ser justo y la joven lo sintió, supo que algo pasaría y pensó darse media vuelta para seguir durmiendo, pero con tantas vueltas que daba la tierra se mareó y continuó su camino hacía el baño, en donde la esperaba una ducha caliente muy delicada. Tomó desayuno rápido para compensar el tiempo que había perdido en el baño, se sirvió dos tostadas con mermelada, pues la mantequilla le haría salir espinillas, aunque ella sabía que opacar su belleza no era posible ni siquiera con un par de esas. Como todas las mañanas, tomó el bolso y subió a despedirse de sus padres. Su padre sintió el perfume de su hija a penas esta comenzó a subir las escaleras. Francisca abrió lentamente la puerta, se acerco a la cama y besó a su padre y madre quienes medio dormidos se despidieron deseándole, como siempre, un buen día. Feliz bajó las escaleras, pero apenas abrió la puerta de su casa el frío la entumió, la falda que llevaba no ayudaba mucho.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">    -Estos malditos uniformes, los hombres podían andar muy felices con pantalones mientras ellas estaban condenadas a inviernos fríos-, pensaba mientras caminaba al paradero.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-size:14pt;font-family:'Arial Narrow';">    De pronto la temperatura bajó aún más y los pasos de Francisca retumbaron. Las sombras crecieron y los árboles se alzaron bajo la oscuridad de la penetrante noche neblineada. Todo se hizo denso, incluso el aire, lo que dificultó la respiración de la joven que caminaba solitaria por el paréntesis de la ciudad. Pero el destino quiso que no estuviera tan sola. Como un perro con ganas de olfatear un pan caído desde la mesa de su amo, un hombre se apareció entre la neblina y se acercó a Francisca quien no se dio cuenta sino hasta que este tuvo un filoso cuchillo atravesando su cuerpo por un costado. El puñal estaba más helado que la noche, sin embargo no tuvo tiempo ni para darse cuenta de eso, pues aquel puñal le arrebató la vida en un segundo, muy poco tardó ese hombre en acabar con una vida y en arruinar otras cuantas. Con mucha delicadeza el asesino sacó el puñal y como si ya hubiese comido del pan, se retiró, caminando en la misma dirección que llevaba su víctima dejando el cuerpo tirado en la acera, formando una horrible cuadro pocas veces visto en la ciudad.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align:justify;"><span style="font-family:'Arial Narrow';">.</span></p>
<p><img src="///C:/DOCUME%7E1/LORENZ%7E1.CAS/CONFIG%7E1/Temp/moz-screenshot-1.jpg" /></p>
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