Capítulo II: Todo Tiene Concecuencias
Jueves 8 de Julio del 2007
Todo se hundía en la lluvia propia de la época. Este ambiente tan hostil para algunos resultaba ser muy atractivo para Alejandro. La lluvia continuaba y por lo mismo había decidido seguir estudiando en su casa, el examen de anatomía de seguro estaría fatal, era su primer año en la carrera y no tenía ni la más mínima intención de arruinarlo. Abandonó la facultad de medicina a eso de las siete y media dispuesto a disfrutar el viaje, era el momento preciso para relajarse después de un arduo día de estudio e investigación. La ciudad estaba relativamente tranquila, aún cuando era hora punta en un día lluvioso, y a pesar de todo, Alejandro se sentía ajeno. Desde muy pequeño había tenido una relación muy especial con la ciudad, se consideraba algo así como un tumor dentro de ella. Sus dos padres trabajaron toda su vida en un banco muy importante de la capital, trabajo muy absorbente que los mantenía lejos de su único hijo. Esto mismo le generó cierta animadversión contra la ciudad, siempre la miró con ojos desconfiados, con ojos de crítico, y fue esto mismo lo que lo llevó a muchas conclusiones. Para Alejandro la ciudad era una especie de monstruo capaz de aturdir y obligar a la gente a participar en un juego que se manifiesta en todas las actividades propias de esta, ese era el método que tenía esta para alejar a la gente del “camino mental”, como lo llamaba Alejandro, caminó que identifica a las personas cómo tales. Pero incluso con todas estas ideas volando por su cabeza, la policromía de Santiago no dejaba de hipnotizarlo, le llamaba la atención constantemente. Eso, según él, lo transformaba en un tumor pues nunca participaba de los procesos vitales de la ciudad pero era dependiente de ella, una relación muy extraña sin duda alguna. El viaje resultó ser tan ameno como Alejandro pensó que sería, apenas llegó a su hogar saludó a sus padres y subió a su habitación, no había tiempo que perder. Pero una vez internado en ese, su espacio íntimo, sintió algo a lo que ya se estaba acostumbrando, algo que alguna vez fue muy extraño pero ahora muy natural. Se asomó por la ventana y vio, a través de la lluvia, la ventana de Javiera, su vecina. Alejandro era un joven de diecinueve años de mediana estatura, tez blanca, pelo negro azabache y ojos café, solía ser confundido con el baterista de una conocida banda de rock. Javiera, por su parte, era una estudiante liceana de cuarto medio, que con diecisiete años tenía el pelo negro, muy bien cuidado, y unos penetrantes ojos verdes. Pero lo más lindo de Javiera, según Alejandro, era su sonrisa, pues cada vez que reía se le formaban unas margaritas que lo atraían fuertemente. Se habían conocido cuando Javiera llegó al vecindario, hace unos tres años. No obstante la mutua atracción que sentían, nunca habían sido pareja, posiblemente por la timidez de Alejandro o la extremada madurez de Javiera que intimidaba a casi todos los hombres. De todas maneras los coqueteos y miradas iban y venían. Parecía un juego, podían estar conversando durante horas insinuando constantemente algo, cualquier cosa. Tenían patentada esa clase de relación única. La lluvia y el ambiente hicieron a Alejandro sentir una atrevimiento extraño en él, por lo mismo miró por la ventana y tomó su celular para llamar a Javiera. Cinco minutos después estaba tocando el timbre de su vecina quien luego de recibirlo cariñosamente lo abrazó tratando de salvarlo del frío poco incomodo para él.
-Estás helado, te voy a buscar una brazada.
-Estoy bien así- Dijo Alejandro deteniendo a Javiera que ya partía, delatándose inmediatamente, esta lo conocía muy bien como para no darse cuenta de que estaba nervioso. Al parecer él no era el único que tenía algo que decir, claramente Javiera había estado llorando, sus ojos ahora tenían más rojo que verde.
Subieron ambos al cuarto y Alejandro preguntó inmediatamente.
-¿Estás bien? Has estado llorando y no me lo puedes negar- Ella rompió inmediatamente en llanto para la sorpresa de Alejandro.
-Hoy me he enterado de algo terrible-decía mientras apoyaba sus brazos en su falda para taparse la cara- Francisca fue asesinada hoy en la mañana.
-¿Qué?
-La encontró un furgón de la municipalidad cerca de su casa, por lo que me contaron, fue con un cuchillo que alguien la mató, pero ni siquiera le robaron.- Alejandro se sintió absolutamente desconcertado si bien nunca había hablado con la difunta joven, no podía soportar ver a Javier sufriendo.
Francisca había sido compañera de Javiera desde hace seis años en el Liceo Carmela Carvajal, no eran precisamente amigas pero sí buenas compañeras. Era muy comprensible su dolor, y Alejandro lo sabía, pues Javiera era de esas personas que forman lazos muy importantes con los demás, no solo por su buena disposición, también por su cercanía y esa sensación de confidente que inspiraba en todos.
Alejandro no sabía muy bien cómo actuar en situaciones como esas, pero atinadamente la abrazó para permanecer así durante un buen rato. “Definitivamente ese no era el día indicado” pensó Alejandro, por lo tanto, cómo se hacía tarde, decidió volver a casa y retomar sus estudios. Era un hecho que no sabía cómo actuar en situaciones como esas. Se despidió tiernamente de Javiera y partió. Cerró lentamente la puerta de su vecina, sin saber por qué.
Seguramente por lo intenso de la visita, Alejandro caminó en forma pausada, estaba oscuro y la lluvia había cesado, el aire estaba tan limpio que respirar era un completo alivio. Pero aunque el panorama era apacible, el destino tenía preparado algo especial, todos sabemos que la ciudad jamás permitiría que una persona como Alejandro osara poner en duda el constante movimiento, había que unirlo al resto y el terror parecía ser el método indicado tratándose de alguien como Alejandro. La calle estaba completamente vacía, cosa común en José Domingo Cañas a esas horas, se trataba de uno de esos paréntesis que rellenan algunos sitios. Lentamente, mientras Alejandro metía la llave en el cerrojo, algo se acercaba a él por su espalda. Se distinguía a un pequeño hombre con algo el la mano derecha.
Febrero 25, 2008 a 2:28 pm
buenas las historia quede pegado, sigo esperando la continuacion, sigue con este tipos de narraciones ya q son muy buenas…..