Capítulo I: Simplemente Pasó (parte dos)

Jueves 8 de Julio del 2007

Era temprano y en la mitad de la calle Juan Gómez Millas yacía tirado un hombre desnudo. Estaba dormido y no parecía tener ningún problema además del frío que lo tenía temblando, esto sumado a sus rasgos faciales felinos le hacía parecía un gato mojado. El hombre tenía piel blanca, era muy delgado y de baja estatura. Esas eran las cosas que uno podía llegar a ver por error en una ciudad tan imponente, un ciudad que no toleraba insolencias.

De pronto el hombre se remeció e histéricamente despertó poniéndose de pie, examinó como un loco todo el panorama sin poder entender que sucedía. Parecía desconcertado, estaba absolutamente confundido, sin embargo, estar desnudo en la mitad de la calle no era lo que le parecía extraño, era otra cosa la que no le calzaba. El escuálido hombre caminói casi tres cuadras sin ningún destino, le parecía estúpido quedarse parado como un tonto, a si que decidió moverse y así además entibiar el cuerpo. Mientras lo hacía observaba la luz de los focos y las sombras que formaban los árboles, hasta que descubrió algo extraño debajo de uno de estos, se acercó a examinar. Se trataba de un hoyo de casi un metros de diámetro que se hundía en la tierra, tan profundo que no se podía distinguir el fondo. Apenas vio comprendió todo, entendió de qué se trataba. Miró entonces alrededor del círculo y fue feliz al encontrar lo que buscaba. Era precisamente la clase de arma que necesitaría para lo que venía a continuación. La tomó y siguió su camino, esta vez, con un objetivo.

Como el destino a veces suele ser un desgraciado, al llegar a la esquina vio como una linda joven salía a la calle, la observó detenidamente hasta comprender que era esa la oportunidad que estaba esperando. Se acercó sigilosamente para no tener problemas, no quería hacer las cosas mal. Los pasos de la estudiante retumbaron en toda la calle, lo que lo hizo despertar de lo que parecía un sueño lúcido, la neblina no ayudaba mucho a estar atento. La joven caminó con pasos cortos al mismo tiempo que el corazón del repugnante hombre se aceleraba hasta casi salírsele del pecho. Se vio cómo una alta y hermosa joven caminaba mientras una figura pequeña y medio agachada se le aproximaba hasta estar a menos de un metro. Entonces el hombre decidido dio los dos últimos pasos y le clavó el cuchillo en la espalda, a un costado. No tuvo la intención de hacerlo con tanta fuerza, pero así fue. El cuchillo se asomo por el vientre de la joven quitándole la vida impúdicamente. El acto fue horrible, no propio de un ser humano. Nadie mata con tanta ligereza, nadie mata de forma tan deshonesta, fue sencillamente horrible. El asesino continuó su camino como quien le ha robado un helado a un niño, siguió caminando denigrando más aún la ya extinta vida de la adolescente. Y con una sensación de triunfo sonrió feliz por la oportunidad que había tenido de oxigenar la rabia de la ciudad.

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